En 72 horas, el caso de la posible libertad del ciudadano francés Gilles Moreux, recluido desde finales de 2009 en el Centro de Readaptación Social (Cereso) de esta ciudad por los delitos de secuestro y cohecho, pasó de la esperanza al suspenso, del suspenso a las contradicciones, y de éstas a la incertidumbre. Y esto último terminará por convertirse en algo ya muy conocido por los parientes del detenido: desconfianza.
En medio de todo, incluso de los rumores, una cosa sí parece tener sustento: a estas alturas no existe fecha concreta para que Gilles abandone la cárcel. Y esta noticia es un auténtico balde de agua fría no sólo para la familia, también para el grupo de periodistas franceses quienes desde semana atrás siguen muy de cerca este caso que poco a poco, sostienen, está tomando importancia mediática, diplomática y política en ese país.
Las versiones encontradas
Desde el pasado lunes y hasta hoy jueves, las interpretaciones o relatos en torno al destino legal de Gilles brincaron de un lado a otro aquí en esta ciudad. Por ejemplo, de acuerdo con información proporcionada por fuentes ministeriales y por autoridades locales, el 22 de febrero dejaría el Cereso luego de que sus abogados obtuvieron, a principios de este mes de febrero, un amparo. Y no ocurrió de esa manera.
Un día después, el suspenso permaneció, y conforme pasaron las horas el sentimiento de esperanza comenzó a desvanecerse entre los familiares. Consultados al respecto, miembros del departamento local de seguridad pública confirmaron que existía un pequeño problema: “no había notificación oficial del amparo. Y mientras no ocurra de esa manera, todo seguirá igual”.
Y desde el martes por la noche, el tema comenzó a tornarse contradictorio. Y es que mientras integrantes de su familia esperaban que el amparo logrado por su abogado surtiera efecto desde el lunes anterior, o posiblemente en las próximas horas, fuentes extraoficiales admitieron a La Jornada de Oriente que la Procuraduría General de Justicia del estado (PGJ) apeló esa resolución federal con éxito. Y eso representa que Gilles deberá esperar un tiempo más. Sin embargo, el hermano del recluso, Luc, negó rotundamente esa versión. “No existe apelación alguna. Eso nos comentó el abogado”.
El mismo lugar
Para los citadinos que todos los días caminan por uno de los dos portales ubicados frente a la plaza principal de Atlixco, es ya común observar a Luc, un tipo canoso, de ojos verdes y de mediana estatura, sentado en el mismo café. Prefiere un ángulo, sobre todo en estos últimos días, para tener de frente a la puerta principal de la comandancia de Policía, sitio por donde tendría que salir su hermano Gilles. “Pero nada, seguimos en espera”, alcanzó a expresar ayer en un español cada vez más entendible.
En la misma mesa de Luc este miércoles estaba sentada Anne Vigna, una reportera del canal 2 de Francia y enviada de una agencia internacional de noticias. Ella es una más del bloque de representantes de medios de comunicación de ese país atentos al caso. Y habló del tema con este diario: “a diferencia del asunto de Florence Cassez, la otra ciudadana de esa nación sentenciada judicialmente en México, este fue difundido demasiado tarde”.
Sin embargo, admite, poco a poco la denuncia de Gilles comenzó a ganar terreno por una razón: “más allá de que se trate de una situación específica, el tema de fondo es la tortura y el respeto a los derechos humanos en México”. Hace dos días, contó, en un canal de televisión nacional transmitieron en vivo, a través de una llamada telefónica desde el Cereso de Atlixco, el testimonio de esa persona”.