Atlixco. De acuerdo con información proporcionada por fuentes ministeriales y por la Policía local, este lunes el ciudadano de origen francés Gilles Francis Moreaux dejará el Centro de Readaptación Social (Cereso) de Atlixco, luego de que sus abogados obtuvieron, a principios de este mes de febrero, un amparo.
Este caso, que llamó la atención internacional y nacional, comenzó en noviembre de 2009 al ser detenido en la capital poblana y acusado, en primera instancia, como probable responsable de secuestro en contra de Irianelly Miranda Domínguez, y por el presunto delito de cohecho.
Según las fuentes consultadas por este diario, en las primeras horas de ayer domingo los responsables del Cereso local recibieron la notificación correspondiente del caso.
“Tenemos entendido que el Juzgado Tercero de Distrito otorgó el amparo 1607/2009 a favor de Gilles Francis Moreaux contra el auto de formal prisión dictado por el Juez Octavo de lo Penal del Distrito Judicial de Atlixco, Miguel Ángel Chávez Castañeda”.
–¿Implica esto la libertad absoluta? interrogó el reportero a un representante de la autoridad ministerial
–Significa que debe responder al proceso penal 354/2009, pero lejos del Cereso de Atlixco. Además, si alcanzó la protección Federal por el tema del posible secuestro; el otro señalamiento, el de cohecho, como no es considerado grave en Puebla, es conducente tener la libertad bajo fianza.
Familiares de Francis Moreaux admitieron que “tampoco de parte de ellos el caso quedará cerrado: “las autoridades mexicanas en materia de justicia tienen algo que decir sobre la tortura a la cual fue sometido para declararse culpable. Y ahí están las pruebas y los dictámenes serios que confirman esta acusación. No olviden que de este expediente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos tiene una copia para emitir una resolución”.
¿La última?
El 23 de enero pasado, Gilles escribió desde el Cereso de Atlixco una carta en donde además de reiterar que es “inocente”, explica y denuncia ampliamente el trato recibido y las condiciones de hacinamiento en ese lugar: “me trasladaron a la cárcel. Horas más tarde en una celda de apenas dos metros cuadrados, con olor de orina mezclada con el vómito, escuché de qué estaba acusado”. Sigue: “paso las noches entre ratas, cucarachas y pulgas que juegan con mi cepillo de dientes. El único lujo de nuestra celda es disponer de un WC, de una ducha y un ventilador.
“Duermo en el suelo, junto a tres personas más porque no hay camas. A las 9 de la noche cierran la puerta y cortan la electricidad. Las paredes están podridas de humedad; no hay agua potable, y sólo está el grifo, lleno de hongos, para quienes no pueden comprar ese líquido”.
Finalizó “la cárcel es de menos de 250 metros cuadrados; y aquí todos los días sobreviven personas entre 17 y 82 años.
Aquí se lava la ropa ajena, se hacen bolsos y cinturones. Todos los días la muerte ronda por este lugar. Y puede llegar por una enfermedad o por un pleito entre los internos”.